Palabras en recuerdo de mi compañero y esposo

Sebastian Ramírez Suárez


Marisa Acosta Noble
 

En este pequeño texto que quiero compartir simbólicamente con ustedes, he querido resumir en una pequeña pincelada el significado que para mí ha tenido la vida de mi querido compañero y esposo, Sebastián Ramírez Suárez.

Fue una persona que vino al mundo sin hacer mucho ruido, con humildad y con muchas carencias. Un mudo que –desde muy chiquito- lo recibió con frío, con carencias, renuncias y desconsuelos. Nació en el seno de una familia humilde y pobre, siendo internado muy chiquito en la Casa del Niño a raíz de la muerte de su padre. Desde ahí inició su andadura por la vida, la cual se convirtió en su verdadera escuela y en su universidad.

Su dura infancia no le impidió desarrollar un corazón y una mirada sobre la vida cargada de optimismo, de esperanza y de generosidad. Así, desde muy jovencito creció en el una profunda conciencia de clase y una visión de mundo alimentada por la solidaridad, la justicia y la igualdad.

Sebastián fue capaz de llevar esos valores a todos los terrenos de su vida cotidiana, compartiéndolos con su familia y sus amigos y amigas. Valores que alimentaron también su espíritu de lucha y su compromiso con la tarea sindical.

Él estaba profundamente convencido de que OTRO MUNDO ERA POSIBLE, otro mundo más humano, solidario y justo. Pero también sabía muy bien que ese cambio no vendría por sí solo como un regalo caído del cielo. Por el contrario, era necesario comprometerse y luchar. Y en esa lucha, apostaba por el poder transformador de la educación como la vía de la liberación.

Ese convencimiento le llevó a convertirse en una persona con unas ansias enormes por aprender. Se convirtió en un gran autodidacta, adquiriendo una sólida formación que le ayudó a leer de manera lucida y aguda el mundo, no solo con la mente, también con el corazón.

Yo tuve la inmensa suerte de encontrarme con Sebastián en una de esas veredas del camino de la vida, convirtiéndose para mí en un maravilloso regalo. Ha sido un privilegio haber podido compartir mi vida con Sebastián, sueños, ilusiones y lucha. Siempre en un ambiente de cariño, respeto y esperanza.

En los últimos años de su vida, a pesar de su dura enfermedad, siempre tuvo fuerzas para regalar palabras llenas de estimulo y de ánimo a todas las personas que lo rodeaban. Para mí, animándome a seguir estudiando, para sus hijos para sus queridos nietos y para sus entrañables amigos y compañeros de lucha.

Querido Sebastián, fuiste un maravilloso esposo, un padre ejemplar y un sólido compañero y maestro. A pesar de mis lágrimas y tristeza por tu adiós, quiero decirte que siempre vas a estar muy presente en mi corazón y en el corazón de tu familia.

Que descanses en paz querido compañero.


Las Palmas de Gran Canaria
3 de septiembre del 2014

Portada