«Hipócrates».  Han convertido la sanidad pública

 en el terror de los pacientes

 

No es una película de terror, pero el trato que los "profesionales" de los hospitales le dan a los pacientes, es mucho más grave; es de verdadero pánico, el negocio se antepone a cualquier decisión... pues actualmente tratan mejor a los animales que a las personas.

 

Puede haber descrédito a los trabajadores de la sanidad o la enseñanza, pero también de un lado y del otros trabajan para este régimen corrupto, tratando de forzar a los pacientes a que se gasten los ahorros en un hospital privado. Es más fácil actuar como rebaño, que exigir la dimisión de los corrupto que se han colocado al frente de la administración pública.

 

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 Objetivo de rentabilidad

Vivimos sumidos en una cam-paña de descrédito a los trabajadores de la enseñanza y la sanidad, orquesta-da por quienes habrían de gestionar el bien común, evitando apropiaciones económicas e intelectuales. Y, sin embargo, en la cartelera aparece esta fantástica pelí-cula francesa, «Hipócrates», para ilustrar que el problema no es particularmente español y para reflejar excepcionalmente la vida en un hospital. Sin ahorrarnos ni errores ni miserias personales y sin pretenderlo, consigue ensalzar la grandeza de una profesión única, que da la vida y la recupera con la naturalidad de la costumbre.

 

«Hipócrates» comienza con el andar decidido de un médico recién licenciado, orgulloso de haber alcanzado su objeti-vo, que se siente capaz y atisba un reconocimiento social y económico tras su esfuerzo. Pasos que captan primorosamente el ímpetu juvenil al mismo tiempo que la candidez ante todo lo que queda por aprender. Ante tantos conceptos asumidos que desechar o hacer propios. Los suyos y los del espectador.


El joven camina por un pasillo que uno relaciona con los pasadizos más sórdidos de una ciudad peligrosa y que pron-to revelan un ritmo terriblemente estresante donde la primera necesidad es mantener la calma. Salimos de dudas. Nos halla-mos en un centro clínico. Y ese choque del protagonista con su medio es tónica en este relato nada idealizado del que saldrá un hombre adulto que llegará a odiar su profesión antes de convertirse en una promesa de médico hecha realidad.


Thomas Lilti, cineasta y también galeno, rezuma en su segunda película amor por la profesión y capacidad de expre-sarlo. Pero también de observarse desde fuera. Por sorprenderse ante la imagen de cómo los suyos se relajan ante la presión de ganar y perder vidas por el camino. Por su familiaridad con cuerpos y vísceras. Por su reflejo del inevitable conflicto entre la administración económica y el nunca rentable ejercicio de ir contra la naturaleza para que la vida no cese.


Y aporta una visión vital sumamente enriquecedora, según la cual toda posición es la cara de una moneda, indisolu-blemente unida a su opuesta. La una positiva, la otra negativa. Así que su retrato abarca el error médico y el haragán frente a la dedicación y el esfuerzo extenuante. La valentía para asumir riesgos frente al sosiego para ceñirse a un protocolo. El corpo-rativismo que protege indebidamente, pero también sirve de argamasa y combustible para mareas blancas que frenan un deterioro que solo conviene a tiburones financieros.


El tema de fondo de «Hipócrates» es la integridad profesional. Y evita con astucia caer en maniqueísmos de conduc-tas irreprochables para mostrarnos una personalidad que se debate entre una vocación idealizada y una realidad mejorable.


Como elementos adicionales, reivindica la necesidad de paliar el dolor y evitar el ensañamiento clínico. Y denuncia el trata-miento laboral a médicos extranjeros. Y mucho más. Porque «Hipócrates» es una de esas películas río con multitud de corrien-tes en las que zambullirse y dejarse arrebatar. Para emocionarse y sentir ira, para salir del cine siendo menos ignorante y sabiéndose acompañado por gente de bien.

 

«Hipócrates» Director: Thomas Lilti Nacionalidad: Francia Intérpretes: Vincent Lacoste, Reda Kateb, Jeanne Cellard 2015.

 

 

¿Que pasa aquí?

Pues eso; no hables porque vas a quedar mal visto, así están todas las salas de los hospitales saturadas, así se mueren los pacientes en las listas de espera, y nadie levanta la voz en contra de tanto atropello y si por casualidad alguien le hace frente, te envían a la cola de la burocracia, "coja un papel y presente una reclamación", que es lo mismo que presentar una protesta en papel higiénico.

 

Y te dicen: ocúpatele los tuyo, tú no vas a arreglar el mundo, es que esto viene así de a tras; sí, sí, viene así de a tras y el vivo al bollo y el muerto al hoyo... y un sin fin de frases macabras amañadas por la derecha reaccionaria, por la mafia política para que te resignes y te mueras tirado en un vertedero, que ya no eres productivo y se resiente el IBEX 35.

 

Vos populi.

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