Los trabajadores no nos podemos resignar

 

frente a la corrupción y a la precariedad laboral (II)

 


Necesitamos mano de obra barata, acá y allá.

 

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Puede parecer un enfoque apocalíptico pero en la historia hay momentos en que eso es lo real y lo realista. Por ejemplo, en la conocida como “crisis del siglo XIV” (en ella murió entre el 20% y el 50% de la población europea, dependiendo de los territorios), y lo pretendidamente más “relajante” lo irrealista. Hay un libro, “Protocolos para un Apocalipsis”, E. Freire y F.G. Rubio, 2010, que se ocupa de estos asuntos, alcanzando conclusiones fríamente neutras y objetivas en lo referente al inmediato futuro de Europa. Su intención es no admitir una salida alternativa al apocalipsis, que es la revolución. Nuestro porvenir en este siglo fluctuará entre una y otra posibilidad. Depende de lo que hagamos.


Cuando D. Trump ha tomado algunas medidas, en realidad sólo formales y demagógicas, para dificultar la llegada de inmigrantes a EE.UU., las grandes empresas han saltado en tromba a escena para protestar, aduciendo que ello es intolerable puesto que reducen su capacidad de tener mano de obra abundante y barata. Al mismo tiempo, la santurronería del “antirracismo” ha tomado las calles para probar que son los más activos agentes políticos y sociales del gran capitalismo yanki.


Como este asunto es absolutamente decisivo para la patronal, todo el que se oponga a las prácticas inmigratorias, o simplemente titubee, es linchado sin formación de causa. De nada sirve que un “izquierdista” honrado como Richard J. Barnet en “Años de penuria” culmine su estudio sobre el hecho migratorio definiéndolo como “otra forma de subvención que los países pobres hacen a los ricos”, de manera que convierte en más pobres a los primeros (lo que multiplica las muertes por hambre en ellos) y en más ricos a los ricos de los segundos, es decir, presentándola como una actividad imperialista similar a cualquier otra.


Tampoco ha tenido efecto que Alberto Recarte, un hombre de derechas, en “El desmoronamiento de España” explique eufórico que gracias a la emigración el capitalismo español ha recibido, de 1990 en adelante, una colosal inyección de vida, lo que celebra muy calurosamente, pues ello ralentiza el declive del país, siendo dicho autor, en consecuencia, un entusiasta de la entrada a gran escala de emigrantes. En realidad, nada vale, lo diga quien lo diga, pues es tanto lo que está en juego que nadie puede opinar en esta materia, salvo para repetir los argumentos del poder, del capitalismo, del Estado. Y nadie los repite con tanta pasión como la seudo-izquierda y el “humanitarismo” de las ONGs mega-subsidiado.


En este asunto por explicar, es tan ingente como difícil y peligroso. Sí, una peligrosa provocación intencionada. Primero, ya es bastante aguda la contradicción entre los intereses económicos de la gran empresa y las necesidades políticas y militares del estado, pues aquélla quiere más inmigrantes y éste necesita sobre todo nacionales en relativamente buenas condiciones físicas e ideológicas. Segundo, la emigración masiva condena a los trabajadores autóctonos (entre lo que se sitúan los inmigrantes con papeles, quizá el sector más hostil a la llegada de nueva mano de obra foránea, verdad obvia que refuta la acusación de racismo, habitual contra quienes rechazan la emigración) a formas de existencia tan negativas, en tanto que mano de obra y que perceptores de los servicios y las prestaciones del Estado de bienestar, que nos encaminamos hacia un gran conflicto, hacia un gigantesco choque.


Los intelectuales burgueses utilizan el término “precariado” para referirse a esa inmensa masa de pobres sin recursos ni trabajo ni saberes ni vida relacional ni descendencia que están ya poblando Europa. El vocablo es pertinente como elemento descriptivo pero la idea central ha de ser la de revolución contra los gobiernos reaccionarios y corrupto, debido a que da el salto desde definir cómo es el mundo a señalar cuál es la tarea para su transformación, comprometiéndose con ella en la práctica.


Cada día se reciben con peor humor y menos paciencia las pedanterías y extravagancias de ciertos intelectuales “radicales”, que hacen charlatanería “social” dentro de un orden, sin chocar en nada sustantivo con el régimen de mercadeo. Sus vidas son tan fabulosamente cómodas y están tan volcadas en el consumismo de: los viajes de placer, la fiesta, las drogas, el alcohol y la prostitución, a costa de los impuestos pagados por el pueblo trabajador, que se sitúan lejísimos de la cada vez más penosa existencia de una parte creciente pero ya enorme de las clases populares.


Esto les está llevando a perder casi toda la autoridad y prestigio que han tenido, indebidamente, hasta hace muy pocos años. Se les debe exigir menos palabrería y más compartir la vida de la gente común en el día a día, menos bizantinismos frívolos y más conocer la realidad tal cual es, en la calle, en el trabajo, en el paro, en el agobio de vivir sin esperanzas.


No debemos permitir que muchos millones de personas sean exterminadas en Europa, no debemos permitir la vuelta a Guettos. No debemos consentir que el viejo continente se llene de mendigos, de indigentes, de personas muriendo de inanición o poco menos, mientras minorías hiper-poderosas y sus lacayos políticos e intelectuales nadan en la abundancia. El proyecto exterminacionista puede ser un acicate para la toma de conciencia revolucionaria así como para llevar adelante la más enconada lucha popular contra el actual régimen, una vez que haya evidenciado aún más su condición carnicera y liquidacionista.


Puesto que el capitalismo anhela disponer de mano de obra barata, todo se reduce a sustituir a los asalariados autóctonos, que tienen sueldos superiores, por los asalariados emigrantes, que ganan bastante menos. Así de simple.


En 2016 los 200 más ricos de España, hombres y mujeres, han incrementado su patrimonio en un 15%, en lo que es un proceso imparable pues se repite año tras año desde hace mucho. Tan asombrosa cifra mide la capacidad del régimen capitalista para expropiar y empobrecer a millones de personas para concentrar los bienes y la riqueza en unas pocas manos. Eso muestra lo estupenda que es para esta plutocracia pérfida y enloquecida el régimen parlamentarista burgués dominante aquí desde 1978. Llama la atención que el más opulento de todos, Amancio Ortega, haya cuadruplicado su patrimonio y propiedades desde 2006, algo que causa estupor. Sus negocios han marchado igual de bien con la “izquierda” P$o en el gobierno hasta 2011 que con la derecha reaccionaria PePera.


Se dice que los populismos son la extrema derecha y el fascismo pero lo cierto es que los más claros indicios de regresión hacia un régimen fascista de nuevo tipo están en el bando del “progresismo” trepador, que busca imponer una censura que haga obligatorio creer en sus formulaciones cuando una mayoría creciente duda de ellas e incluso las rechaza.


Ya se que me van a condenar a la hoguera !!!


El problema no se soluciona abriéndole las puertas a los emigrantes, se resuelve cuando presionemos para que las grandes multinacionales dejen de saquear las materias primas, de los países atrasados y dejen de fomentar las guerras tribales para que se auto-destruyan.

 

 …y a ver quien tiene narices para decir lo contrario???
Es la lucha contra el capitalismo.

 

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